viernes, 5 de septiembre de 2008

Oráculo manual [Baltasar Gracián]

25. Buen entendedor. Arte era de artes saber discurrir: ya no basta, menester es adivinar, y más en desengaños. No puede ser entendido el que no fuere buen entendedor. Hay zahoríes del corazón y linces de las intenciones. Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir; recíbanse del atento a todo entender: en lo favorable, tirante la rienda a la credulidad; en lo odioso, picarla.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Voluntad

Sacrosanta división que tenemos los humanos que de la voluntad nacen todas nuestras carencias, pero también todas nuestras grandes aspiraciones. Sentados nos lamentamos acerca de aquello que no vemos y al mismo tiempo nos regocijamos con los planes a futuro. La voluntad es un viento que ciertas mañanas se antoja refrescante y diáfano y en otras se manifiesta escarlatino y ardiente. De carencias y vacantes el alma humana se explora en los rincones más álgidos de nuestros deseos. Sueños opalinos nos acarrean a alargabicas disquisiciones. Mares voluptuosos tientan nuestra gallardía.
Terrible y noble maldición esta que ha recibido el hombre que con aquello mismo que se leva se condena. Que vuelve el carbón más negro en el brillante más prístino y que vuelve el alma inmortal en pútrido gusano.

martes, 2 de septiembre de 2008

Relinchos.

Sentado en la biblioteca mientras las fáusticas agujas del reloj marcan las nove horas, repasaba aquello que dictaría en la lección de hoy. El procesador de textos sobre el escritorio. Una pluma, un libro de texto, una pipa recién cargada. La dimensión moral de la vida humana.
Faltaba menos de una cuartilla para finiquitar aquel asunto y poder migrar a la tesis que reviso, “La felicidad en Schopenhauer”, cuando de un momento a otra escuche el relincho de un caballo. A las cosas nimias, nimias atenciones pero aquel relincho desconcertaba mis sentidos. Yo, solo, en una biblioteca y se escucha un relincho. Me pareció que aquel animalesco sonido provenía de la computadora. Mire, incrédulo, a la pantalla esperando encontrar algo que justificara el equino sonar. Nada.
Cerré todas las ventanas esperando que fuera algún programa que no hubiera visto pero al concluir la tarea otro relincho, largo y penetrante me susurro al oído. Me aleje de la computadora esperando que fuera algún tipo de estática, pero no, lo relinchos se sucedían unos a los otros.
Pausados e intemperantes. No entendía nada, decidí reiniciar el ordenador y así esperar que aquella locura equina terminara, pero no fue así. En cuanto la negrura se apodero de la pantalla otra serie de relinchos atravesaron el aire e impactaron en mis sentidos. Giré el cuello en derredor esperando encontrar algo o alguien que pudiera ser el causante de esta extraña experiencia pero nada. Relinchos.
Acerco el oído a la computadora y como una mala pasada no escucho nada, ni relinchos ni sonidos típicos de computadora. Nada suena. Una cierta paranoia me comenzó a atravesar el pecho. Los relinchos no tenían un orden, ni siquiera tenían un mismo tono. Simplemente relinchos. Me levante, nada. Revise mis bolsas, esperando encontrar el origen de tan algarabioso suceso. Nada ni nadie. Mire el reloj. Ya es hora de ir a clase, me levanto y me dirigo al salón donde los alumnos esperaban la cátedra. Nada.

lunes, 4 de agosto de 2008

Tres Leyes de la robotica de Isaac Asimov

Esto, seguramente, será infomración importantisima para ser feliz, en un futuro cercano.

Las leyes de la robótica son un conjunto de leyes escritas por Isaac Asimov, que la mayoría de los robots de las novelas y cuentos están diseñados para cumplir. En ese universo, las leyes son formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro de los robots. Asimov atribuye las tres Leyes a John W. Campbell de una conversación sostenida el 23 de diciembre de 1940. Sin embargo, Campbell sostiene que Asimov ya las tenía pensadas y que los dos simplemente las expresaron de una manera más formal. Aparecidas por primera vez en el relato "Runaround" (1942), establecen lo siguiente:
  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

sábado, 2 de agosto de 2008

Proust

"Dejemos las mujeres hermosas a los hombres sin imaginación."

martes, 8 de julio de 2008

Sin título

Amar a Dios es lo más fácil
Lo más perfecto
Amar lo puro
Lo sublime
Amar lo amable
A aquello que no hiere
A aquello que no duele
Amarte a ti es diferente
Es amar lo posible
Amar lo probable
Amar la incongruencia
Amar el absurdo
Amar al dolor
Amar a la muerte
Amarte es condenarme